Si
quisieras saber cómo me siento, solo tendrías que coger tu sentido de la
sensibilidad y elevarlo a MIL.
Todo
este caos interno, que me hace levantarme a las 9 todos los días, llueva o haga
sol, le agradezco su compañía pero puede irse, gracias.
Incluso
si eso significa que tengo que irme lejos, quizás ya lo sabía desde el inicio,
pero me daba miedo pensarlo en voz alta.
Tengo
esperanza en los buenos corazones, y
en las personas que no están conformes con todo. Me dan miedo estos críos
ciegos por la tecnología, creyentes en ideas sin sentido y faltos de razón
común que les haga prosperar.
Estoy
cansada de las dificultades, que ellos hacen cada vez más grandes por falta de
esperanza y razonamiento; también estoy harta de la energía negativa, es
totalmente estúpida como la mayoría de cosas que dices/haces/piensas.
Me
da pena el final de buenos periodos y que la gente ya no escriba cartas. Os
estáis perdiendo algo tan bueno como el colacao fresquito.
Me
gusta escribir, sobre todo cuando mi cabeza se atasca o estoy melancólica,
situación frecuente de dos a tres minutos -en mí-.
Durante
este verano, estoy descubriendo que mi paciencia no es infinita, pero que sin
embargo, en un año puede haber infinitos cambios.
Y lo
mejor de todo, es que sin ser consciente de ello, antes de irme ya había
decidido el mayor de todos ellos, y este sí que iba a ser para siempre.
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